jueves, 8 de noviembre de 2018

Otíñar, un paraje lleno de errores y "topicazos" históricos (VII): las supuestas 242 sepulturas sin localizar

"Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo.
Puedes engañar a algunos todo el tiempo.
Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo"
Abraham Lincoln (1809-1865), 16º Presidente de EE..UU. 


Al poco de empezar el pasado puente de los Santos me desayuno un post en Facebook que se las trae y que nuevamente tiene que ver con una nueva manipulación de la historia y de la memoria del valle de Otíñar. Vaya por dios. El tema en sí es aún más miserable que en otras ocasiones, pues se intenta jugar a ser historiador/es con el fin de obtener réditos políticos, esta vez a cuenta de los difuntos enterrados en el cementerio particular de Otíñar, situado dentro de la Hacienda Santa Cristina, donde a día de hoy descansan restos mortales de los antiguos propietarios de la finca, así como los de muchos colonos y familiares que en ella vivieron.

Cementerio de Santa Cristina/Otíñar
Son relativamente recientes los argumentos de que los "malvados" propietarios, en este caso de la mentada hacienda, no dejan pasar a nadie, si quiera familiares de otiñeros allí sepultados, para ver el cementerio, especialmente en la festividad de los Santos y fieles Difuntos, y que los mismos han llegado incluso a profanar tumbas en el cementerio otiñero, a saber con qué intenciones. Argumentos falsos y que quedan en evidencia cuando cualquiera visita el cementerio esos días, aunque pese a todo hayan sido muy pocas las personas que en esos días lo han visitado este año, la mayoría visitantes sin parentesco alguno con los allí sepultados, siquiera con la antigua familia propietaria. Tales argumentos especialmente son graves, pues en el caso de la profanación de tumbas está haciendo mención a un delito, pero nos hacen pensar de la falsedad de la acusación, en base a que no son denunciados con pruebas ante las autoridades competentes. Evidentemente, con ello se intenta llegar a la sensibilidad de la gente de una manera directa con el fin de crear una opinión mediática contra algo, en este caso la familia propietaria de la Hacienda Santa Cristina, el problema está en que cuando se parte de un argumento poco contrastado o falso el recorrido es sencillamente escaso. Teniendo en presente la frase inicial de Lincoln, la Historia nos ha dado sobre esto muchos ejemplos demagógicos, véase el caso del racismo que promovía el nazismo alemán basado en la superioridad de la raza aria y la culpabilidad de los males de la Alemania de entonces a los judíos alemanes, todo falso. Finalmente, vimos lo que duró lo que iba a ser un Reich que duraría mil años, según el propio Hitler. O bien del hundimiento del acorazado norteamericano Maine en 1898 en la isla de Cuba por los propios estadounidenses con el fin de declarar la guerra a la España causante del hundimiento, para de este modo"ayudar" a los pobres insurgentes cubanos, puertorriqueños y filipinos tan necesitados del Tío Sam, según el gobierno de W. McKinley.

Lápida del cementerio de Santa Cristina/Otíñar. 
Foto tomada en 2018
Volviendo al post y posterior noticia con los que me deleitaba la plataforma de Otíñar y su presidente Juan Carlos Roldán, miembro del comité local del partido socialista de Jaén, metido a historiador, se venía a decir que en un "trabajo de investigación" llevado a cabo conjuntamente con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Jaén se había localizado en el cementerio unas 242 sepulturas, que hoy día cuando uno accede al cementerio no se ven, según la plataforma por el interés de la propiedad en hacer desaparecer las cruces o lápidas que identificaban tales tumbas. ¿Con qué fin? A saber las películas mentales de cada uno. Pero todavía no conozco a persona alguna que, salvo actos de gamberrismo, se dedique a entrar en un cementerio para cargarse cruces y lápidas con el objetivo de que los familiares de los difuntos no sepan donde están. Ello choca con que generalmente las tumbas en todo cementerio son cuidadas por estos familiares y en caso de que ello se hubiera producido de forma intencionada en el caso de Otíñar se habría denunciado hace tiempo, pero lo curioso es que nunca se hizo, hasta ahora en que intereses políticos quieren repartirse el pastel otiñero. Curioso. Pero llama la atención aún más cuando uno visita este cementerio, y ve que hay tumbas cuyos familiares han ido cuidando en los últimos años, poniendo lápidas y flores, y otras que simplemente no se identifican pues la antigua cruz de madera o hito ha desaparecido por el paso del tiempo y falta de mantenimiento, algo muy común en los cementerios españoles, especialmente con los enterramientos más antiguos (1). Vemos que Otíñar no es un caso excepcional tampoco como a veces se quiere hacer ver. Por tanto, asistimos a un nuevo episodio de manipulación.


Diligencia por la que se acuerda no declarar 
Otíñar como Lugar de Memoria Histórica 
El colmo de todo ello es que, dentro de la desinformación malintencionada que ofrece el post, se termina ofreciendo un listado de esos 242 difuntos sepultados supuestamente en dicho camposanto, y aquí es donde la desinformación y juego con los sentimientos de las personas se une con la manipulación descarada de la Historia. Tema este que no es nuevo y al que nos tiene acostumbrados la plataforma de Otíñar y su líder todopoderoso, Juan Carlos Roldán. Repasando ese listado de 242 sepulturas a modo de víctimas de una especie de fosa común de la pasada Guerra Civil como indirectamente se quiere vender esta historia, de ahí la participación de la asociación memorialista giennense, uno puede ver cómo algo no cuadra. Ya nos pasó cuando hace un par de años esta plataforma quiso declarar la aldea de Santa Cristina/Otíñar como Lugar de Memoria Histórica y la propia comisión nombrada por la Dirección General de Memoria Democrática tumbó por casi unanimidad dicho intento de declaración al no encontrar elementos de peso, sencillamente porque algunos eran falsos o inventados. Desestimación que hoy ciertos grupos políticos aún hoy no reconocen y venden lo contrario en redes sociales, documentales y medios de comunicación por el interés político que tienen en el valle de Otíñar. Henos aquí con otro caso.

Para empezar hay que decir que aquella persona que ha realizado ese listado, o bien no es historiador o si lo es realmente debería pensarse en seguir en la profesión o dedicarse a otra cosa. Esto no es una desconsideración gratuita, veamos porqué.

Cuando a finales del siglo XIX el obispado de Jaén decide crear en la iglesia de Santa Cristina/Otíñar una parroquia para que los habitantes de su entorno pudieran tener un servicio religioso regulado para una comunidad que crecía, lo hacía para que ello sirviera no sólo para los otiñeros sino también para aquellas personas que vivían en diferentes caserías y cortijos en los parajes cercanos de Mingo, Puente de la Sierra y Puerto Alto. Ello suponía  que los sacramentos principales, los cuales se registraban en los libros parroquiales (bautismo, matrimonio y sepelio), se realizaban generalmente en dicha parroquia. Por esa razón nos encontramos en los libros parroquiales de Santa Cristina no sólo a otiñeros, sino también a muchos pobladores de Puerto Alto, Puente de la Sierra, etc.

Sobre los sepelios tenemos que tener en cuenta un factor importante, estos libros sacramentales no recogían el lugar de entierro sino la ceremonia religiosa de corpore in sepulto o funeral que se realizaba al difunto antes de enterrarlo. Entierro que luego podría realizarse bien en el cementerio anejo o próximo a la parroquia, o bien en otro de un lugar más alejado. Esto ocurre hoy en día aún, no resultando extraño que una persona que fallece en la ciudad de Barcelona, se celebre su misa de entierro o funeral en el municipio barcelonés de Igualada y acabe enterrándose en Valdepeñas de Jaén. Por tanto, los libros de sepelios no nos indican lugar de enterramiento. ¿Que fuentes documentales nos permiten saber ese dato sobre el lugar de enterramiento? Pues bien, en este caso sería la propia acta de defunción del Registro Civil y el libro registro de entierros del cementerio municipal, éste último donde en ocasiones consta la situación exacta del difunto (calle, nicho, zanja, etc.).

Este trabajo previo es el que echamos de menos en este "trabajo de investigación" que ha sacado a la luz los 242 difuntos supuestamente enterrados en Otíñar. De hecho, se ve perfectamente que en lo único en que se ha basado el mismo es en contar en el libro parroquial de sepelios los registros que hay, para acabar dando de la cifra. Algo fuera de toda metodología histórica. Pero usando el contraste de fuentes documentales y cierto criterio arqueológico podemos ver como esa cifra es mucho menor haciendo un simple rastreo en dichos documentos y en el propio cementerio. Veamos algunos casos de los muchos que tendríamos que sacar de ese listado de 242 personas, en el que por cierto se da un gran número de pobladores de Puerto Alto y muchos menores fallecidos en edad prematura dada la alta mortalidad infantil que se dio en España hasta prácticamente el fin de la posguerra:

A) El primero al que nos referimos es al caso de la malagueña María Serrano Pérez, la cual se incluye como una de las personas cuya sepultura a día de hoy se encuentra desaparecida. Pues bien curiosamente dicha señora cuyo sepelio tuvo lugar en la parroquia de Santa Cristina falleció en su domicilio de la ciudad de Jaén el 23 de enero de 1899, siendo enterrada al día siguiente en el cementerio de Santa Cristina/Otíñar al ser esposa del que fuera propietario de la Hacienda Santa Cristina e importante político de la época, Rafael Martínez Nieto. Enterramiento, por cierto, que hoy día es identificable y está situado en los nichos del panteón familiar que tenían los antiguos dueños de la finca, concretamente el situado arriba a la izquierda en cuya inscripción reza "Tu esposa y tu madre", en alusión a María Serrano Pérez, esposa del citado Rafael Martínez, y a Mª Dulcenombre Nieto Cañada, madre del antedicho, la cual falleció en Jaén en 1902 y fue enterrada en Santa Cristina. Tenemos aquí por tanto un caso en el que una señora fallece en Jaén, su sepelio y entierro tiene lugar en Santa Cristina, y su lápida es perfectamente identificable.

Registro del cementerio de Jaén de Dulcenombre Callejón
B) Otro caso es el de Dulcenombre Callejón Quesada, casada, hija de Juan José y Mercedes, la cual falleció el 10 de mayo de 1907 en una casería de Puerto Alto y cuyo funeral se realizó y quedó registrado en la parroquia de Santa Cristina. No obstante, pese a esa situación y contrariamente a lo que aparece en el listado, esta señora tal cual reza en su acta de defunción y en el registro de enterramientos del antiguo cementerio municipal fue sepultada "en zanja" en el camposanto de la capital y no en Otíñar. Vemos aquí otro caso de señora que fallece cerca de Otíñar, su funeral es en Santa Cristina y se entierra en Jaén.

C) Seguimos con la niña Mercedes García Callejón, hija de Salvador y Eufrasia, y residente en la casería del Paisano (Puerto Alto), donde falleció en edad prematura el 12 de octubre de 1908, siendo su funeral al día siguiente en Santa Cristina, tras lo cual fue enterrada en una zanja en el antiguo cementerio de San Eufrasio, según consta en su acta de defunción y en el registro del cementerio. Otro caso por tanto de una persona fallecida que no fue enterrada en Otíñar, como aparece en el listado antedicho.

Registro del cementerio de Jaén de Antonio Rodríguez
D) Otro caso que nos encontramos en el listado es el del otiñero Antonio Rodríguez Aguilar, soltero, hijo de Juan Pablo y Mª Antonia, fallecido en las Eras de Santa Ana de Jaén, tras lo cual fue trasladado a Santa Cristina, donde residía junto a su familia, para que tuviera lugar su funeral. Pese a dicho traslado a su lugar de origen, su cadáver fue finalmente sepultado en el cementerio de Jaén en el "nicho nº 52 de la sección 3ª del patio 4º", según el registro de entrada al camposanto. Vemos aquí por tanto el caso de un otiñero fallecido y enterrado en Jaén, pese a que su funeral tuvo lugar en Santa Cristina.

E) Finalmente, entre otros muchos ejemplos, citamos el caso de la familiar de un servidor Dolores Garrido Gutiérrez, natural de Jamilena, casada, hija de Pedro y Ana, la cual residía en Puerto Alto cuando le alcanzó la muerte el 27 de abril de 1936. Debido a que Puerto Alto pertenecía a la parroquia de Santa Cristina su funeral o sepelio tuvo lugar en la parroquia otiñera, aunque su entierro no se realizó en el cementerio de allí sino en el antiguo de la ciudad de Jaén, concretamente en un nicho de adulto "del patio de San Juan".

Tumba cuidada del cementerio de
Otiñar fotografiada en 2014.
Aunque son muchos más los casos que podríamos tratar, una vez visto esto podemos comprobar la manipulación tremenda que se ha hecho con la memoria de estos difuntos, antepasados y familiares de muchos giennenses. Todo con el fin de justificar unos hechos que nunca tuvieron lugar, como fue la acción premeditada de hacer desaparecer las lápidas y cruces del cementerio de Otíñar, para supuestamente borrar la memoria de estas personas. Lápidas y cruces que precisamente no desaparecieron a consecuencia de ello si no más bien por el olvido que muchos de esos difuntos tuvieron en su día, aunque otros si siguieron manteniéndose. Pero en el caso de algunos de los casos citados esas sepulturas del listado jamás se encontrarán en Otíñar, sencilllamente por las misma no están allí sino en Jaén.

Tumba del cementerio de S. Eufrasio (Jaén)
Fuente: blog Bafomet.
Si aplicáramos el argumento demagógico de que los propietarios de la Hacienda Santa Cristina hicieron desaparecer esos signos de identificación de la sepulturas del cementerio de Otíñar, ¿a qué se debe el que actualmente en el viejo cementerio de San Eufrasio no encontremos identificados los enterramientos de muchas personas cuyo funeral tuvo lugar en Santa Cristina/Otíñar y aparecen en ese listado? Siguiendo la lógica que aplica la plataforma de Otíñar, igual los malvados "amos de Otíñar" se preocuparon en su día de ir a San Eufrasio (Jaén) a borrar esos elementos, si total ese abandono no es achacable a otras circunstancias. Lo que nos queda por ver. En definitiva podemos ver que en Otíñar no hay enterrados 242 personas como dice la plataforma de Otíñar sino muchísimas menos. Va siendo hora de que de una vez por todas la política y sus intereses salga de la historia del valle de Otíñar, para que conozcamos realmente el pasado de este valle de una forma limpia e imparcial, sin el afán de usarla y manipularla como arma arrojadiza contra aquellas personas y familias que hoy viven, trabajan en este valle, o las que en su día lo hicieron. ¡BASTA YA DE MANIPULAR LA HISTORIA DE TODOS!

José Carlos Gutiérrez Pérez



(1) Quizá esto ocurre con el Sr. Roldán quien sólo cuenta en ese cementerio con tres tatarabuelos y un tío finado en edad prematura (siete meses). Es curioso que leyendo su post dé a entender que no sepa donde están sus familiares en Otíñar, lo cual es lógico pues ¿cuántos de los que leen estas líneas saben la ubicación exacta de la tumba de sus tatarabuelos?, muy pocos desde luego. Incluso en mi familia tengo el caso de un tío paterno fallecido con apenas dos años del cual ni sus propios hermanos supieron nunca dónde se enterró, algo común hasta mediados del siglo pasado en muchos pueblos españoles.

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